Pieza de julio del METCAN: “Feliz encuentro”

Julio García de la Puente es, sin duda, uno de los primeros y más importantes fotógrafos con los que cuenta Cantabria para conocer su pasado. Nace un 27 de mayo de 1869 en Valladolid, pero durante un tiempo residirá en Reinosa, lo que le ayudará a centrar su obra en la comarca de Campoo. A lo largo de su vida destacará en diversos ámbitos relacionados con su especialidad. Formó parte de la Real Sociedad Fotográfica y ganó numerosos premios en concursos nacionales de fotografía gracias a sus imágenes captadas en los pueblos cántabros. Además documentó episodios históricos, como la visita de la Familia Real a Santander a principios del siglo XX.

Tras una vida dedicada a la fotografía, fallece en Vitoria el 19 de julio de 1955, dejando un valioso testimonio de las tradiciones cántabras que aún podían encontrarse en su época, puesto que su trabajo fue reflejo de los profundos cambios y la tensión ideológica que la revolución industrial estaba provocando en el medio rural de toda Europa.

Tuvo ocasión de investigar, recuperar y divulgar el patrimonio etnográfico y artístico de Campoo y del resto de Cantabria, fotografiando sus paisajes, costumbres y tradiciones. Para Julio García de la Puente la sociedad contemporánea con sus avances en el sector industrial y la llegada del ferrocarril, suponía la extinción de las tradiciones y costumbre propias, al ser reemplazadas por estas nuevas influencias externas. Bécquer ya hacía referencia a estos cambios: “a medida que la palabra vuela por los hilos telegráficos, que el ferrocarril se extiende, la industria se acrecienta y el espíritu cosmopolita de la civilización invade nuestro país, va desapareciendo de él sus rasgos característicos, sus costumbres inmemorables“. Por esta razón, de la Puente, utiliza la fotografía como una prueba histórica y etnográfica más, capaz de documentar el paisaje y las formas de vida y no dejándolas desaparecer de la memoria  colectiva. Este pensamiento era compartido por numerosos fotógrafos europeos desde finales del XIX, generando un movimiento en el que se dota, por primera vez, a las fotografías de temática social, vida cotidiana y experiencias de la gente sencilla, del valor documental del que hasta entonces carecían, frente al antiguo pensamiento que consideraba estas escenas casi grotescas.

Es uno de los principales representantes del pictoralismo en Cantabria. García de la Puente retrató el folclore de la comarca de Campoo de una forma idealizada y nostálgica, que la convierten en casi teatralizada, ya que sus personajes pertenecen a un mundo idílico. En sus instantáneas nos encontramos con unas formas de vida condenadas a transformarse o desaparecer, una visión entre la realidad y el deseo. A la hora de componer una imagen, tuvo especial preocupación en la colocación de los personajes y de dotar al conjunto de la iluminación adecuada, motivo por el que su resultado final, nos recuerda al arte pictórico. Aunque esos personajes son gente humilde, se engrandecen al ser inmortalizados en sus labores y ocios cotidianos.Hay que destacar que la inspiración del autor, en muchas de sus imágenes, procedía de la literatura de José María de Pereda, para el cual llegó a ilustrar dos obras: “Peñas Arriba” (1885) y “El sabor de la tierruca” (1882), cuyo contenido trata del idilio y costumbres montañesas.

Desde el Museo Etnográfico de Cantabria se quiere destacar la fotografía Feliz encuentro, una de las más conocidas de Julio García de la Puente, con el objetivo de poner en valor la imagen como documento imprescindible para el historiador, una forma más de conocer nuestro pasado y comprender el presente. Esta fotografía forma parte de la edición de dos series de postales, “Peñas arriba” y “El sabor de la tierruca”,  medio rápido para darse a conocer en aquella época.

De esta postal pueden extraerse varios temas: la mujer, el trabajo del campo, la vida social (cortejo, noviazgo,¿), sistemas constructivos, etc. En la imagen vemos una pareja de campesinos que, según se da a entender en el título, se han encontrado casualmente en la fuente, antiguo lugar de vida social por excelencia, de conversación, confidencias y hasta cortejo. También puede interpretarse como una pareja de novios o un joven matrimonio que han parado a descansar en la fuente. En la fotografía se pueden apreciar los detalles de la indumentaria, calzado, tocado, peinado y otros complementos, como el palo que sujeta él en las manos para el ganado. Junto a ellos se encuentra la pareja de bueyes uncidos por el yugo, sobre el que descansa el arado. Tras ellos se extiende el prado, separado por el tradicional muro de piedra seca. Los elementos presentes, son fiel reflejo de las ocupaciones más corrientes de Cantabria: la ganadería y la agricultura.

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