Pieza del mes de octubre en el Museo Etnográfico de Cantabria

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El Museo Etnográfico de Cantabria presenta la pieza del mes de octubre, un arca realizado en madera de castaño e hierro, procedente de Cabezón de la Sal, que presenta patas de madera y una sobria  decoración con el escudo de armas de Bustamante flanqueado por leones rampantes.

Cantabria ha sido una región con abundantes y frondosos bosques, lo que permitió que la carpintería se convirtiese en uno de los oficios más arraigados. La madera fue, junto con la piedra y el hierro, la principal materia prima, siendo utilizada para prácticamente todo: la construcción, el mobiliario, el transporte o la fabricación de utensilios.

Los muebles estaban presentes en todas las casas, cumpliendo funciones variadas: asientos y cama para el reposo, bargueños para la escritura o mobiliario para el almacenaje como el propio bargueño y el arca. El mobiliario rural tradicional en la región era sencillo y funcional, sin apenas decoración y toscamente acabado. Muchos muebles los elaboraban los propios campesinos para su uso particular con herramientas rudimentarias y técnicas de ejecución elementales. Estaban estrechamente vinculados con aspectos económicos y sociales, ya que mientras la mayor parte de las familias no podían disponer de un elevado número de muebles, las clases pudientes contaban con una mayor variedad y eran de un mejor acabado.

El mobiliario de mayor calidad lo fabricaban los ebanistas, elaborando muebles tanto de carácter popular, como de lujo con maderas exóticas que se vendían dentro y fuera del país. La ebanistería alcanzó a partir del siglo XVIII un gran desarrollo y perfección, creando bancos, escaños, arcas o camas de gran calidad técnica y artística. Los ebanistas de Cantabria alcanzaron gran popularidad, principalmente las escuelas de maestros artesanos de Casar de Periedo y de Los Tojos.

Este mes presentamos una de estas piezas de ebanista, un arca de castaño procedente de Cabezón de la Sal. El arca, también llamada hucha o jucha, es un gran cajón prismático, cerrado por una tapa en la parte superior y, por lo general, levantado del suelo por medio de zapatas o patas, a fin de preservarle de la acción de las alimañas, la humedad o la suciedad; servía para guardar de todo, ropa, aperos, documentación, comida, grano¿ A su vez, se podía ubicar en cualquier parte de la casa: el estragal, el corredor, la cocina, el portal o los aposentos. Los tamaños variaban dependiendo del uso y de la ubicación a la que estaban destinadas. Las tipologías de las arcas también son muy variadas, las hay con arquillos en el bajo y columnas adosadas a los ángulos, con faldón, sin faldón, sin patas, de dos o tres llaves, etc.

El arca en origen era un mueble típicamente rural y uno de los más representativos del mobiliario popular de Cantabria y del conjunto del norte peninsular, estando presente en cualquier casa, por pobre que fuera. No obstante, las arcas son muy comunes no sólo en España, sino en toda Europa, aunque el arca del norte peninsular es diferente a la del resto de la península por su forma y decoración. La ornamentación era muy rica, presentando motivos heráldicos, vegetales, religiosos, cuarterones, animales, rosetas, estrías o guirnaldas de inspiración barroca y popular. Sólo en las arcas más lujosas se tallaba una decoración refinada como la presente en esta pieza. Los muebles ordinarios recibían una decoración más tradicional con rosetas o dientes de lobo.

La madera utilizada solía ser la más cercana, aunque los ebanistas utilizaban especies arbóreas de calidad, como el roble o el castaño, material con el que está elaborada nuestra pieza. El castaño ofrece una excelente madera tanto para el mobiliario como para la construcción y ha sido, junto con el roble, haya, nogal, pino, cedro, tejo y avellano, la madera más utilizada en “la Montaña”. El castaño, presente en todo el norte peninsular, tiene el inconveniente de descomponerse rápidamente en el exterior, pero intramuros su duración es considerable. Era una madera que se utilizaba para la fabricación de diferentes muebles, como las mesas, los bancos o los escritorios, entre otros.

La hechura de nuestra arca se basa en la unión de los tableros mediante cola de milano, una forma de ensamblar originaria de los siglos medievales. Se trata de una pieza de elegante austeridad, con una discreta ornamentación heráldica. El escudo de armas es uno de los motivos ornamentales presentes habitualmente en la ebanistería montañesa. Los escudos pueden ir exentos o complementados con pergaminos o leones, como en esta obra en particular.

El escudo de armas de Fernández-Bustamante tallado en el arca muestra a dos leones rampantes por soporte, sin timbre ni otro adorno. El campo se encuentra cuartelado por cinco flores de lis (armas de Fernández), trece roeles y tres lises en punta (Armas de Bustamante), cinco panelas en sotuer y cinco flores de lis (González Echegaray, 1972). El arca procede de Cabezón de la Sal y posiblemente provenga del linaje del noble boticario Francisco Fernández de Bustamante que vivió en el siglo XVIII. El linaje Bustamante es uno de los más característicos de la región, un apellido derivado de la raíz “busta”, en alusión al lugar de descanso del ganado. Por su parte, Fernández es uno de los grandes patronímicos españoles, procedente del nombre “Fernando”.

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