Soneto a la tierra montañesa de Amós de Escalante

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La pieza del mes de mayo en el Museo Etnográfico esta vez es muy peculiar. Se trata de una inscripción con un poema de Amós de Escalante labrada sobre una placa de piedra arenisca. La lápida, de forma triangular, se encuentra adosada a la pared de la entrada principal de la casona. Las letras, de formato capital, aparecen incisas en la piedra y se destaca el título de la elegía (A la tierra montañesa) y el nombre del autor (Amós de Escalante) por medio de subrayado, también inciso. El texto se divide en cuatro grandes bloques o párrafos.

INSCRIPCIONES:

A LA TIERRA MONTAÑESA

CUANDO EL HONOR DE ESPAÑA SU ALTA GLORIA,

SU SACRA INDEPENDENCIA PELIGRARON

ALIENTOS NUEVOS, NUEVOS SE COBRARON

EN TUS FRAGURAS DE INMORTAL MEMORIA.

¡OH, TIERRA CUNA DE LA PATRIA HISTÓRICA!

¿QUÉ VERDES LAUROS A TU PREZ FALTARON,

MADRE DE TALES HIJOS, QUE ACLAMARON

TRONO LA HUESA Y EL MORIR VICTORIA?

EN DURA AUSENCIA CON AFÁN SONADA,

CON ANSIA LOCA EN EL DOLOR QUERIDA,

NACER EN TI FUE DICHA NO IGUALADA;

MAS YA ESE BRONCE DE ADVERTIROS CUIDA

QUE ES LA MAYOR FORTUNA Y MÁS HONRADA,

DAR, OH PATRIA, POR TI LA DULCE VIDA

2-MAYO-1888

2-MAYO-1957 AMÓS DE ESCALANTE

Esta pieza es un  soneto dedicado a la figura de Velarde. El autor del mismo es Amós de Escalante (1831-1902), un escritor indispensable en la literatura regional del siglo XIX, junto con José María de Pereda o Marcelino Menéndez Pelayo.

La inscripción, colocada en la entrada del Museo Etnográfico el 2 de mayo de 1957, tiene grabado el soneto “A la tierra montañesa” que Amós de Escalante dedicó a Pedro Velarde el 2 de mayo de 1880, fecha en que se erigió la famosa estatua del héroe camargués, hoy en día ubicada en la plaza Porticada de Santander. El poema, que apareció por primera vez publicado en el Boletín de Comercio, fue parte del número extraordinario que se llevó a cabo en Santander para conmemorar la figura de Velarde por medio de un multitudinario acto en el que también intervinieron, entre otros, José María de Pereda y el orfeón La Sirena.

El capitán Velarde ha pasado a la historia de España por su actuación el día que se inició la sublevación contra los franceses. Puede resultar irónico como Velarde, que había desarrollado su carrera admirando el genio militar de Napoleón, combatiendo a favor de los intereses franceses en la Guerra de las Naranjas contra Portugal en 1801, en la mañana del 2 de mayo, desoyendo las órdenes del mando militar, se uniera al pueblo sublevado contra las numerosas tropas napoleónicas desplegadas por la capital y, junto con el capitán Luis Daoíz y algunos soldados más, tomara el cuartel de artillería del parque de Monteleón para repartir sus armas a la población amotinada. Allí se acantonaron ante la réplica de las tropas francesas y, tras una cruenta batalla, fue mortalmente herido por un disparo a quemarropa de un soldado napoleónico. Pese a que la revuelta fue reprimida, sus actos junto con los de sus compañeros y otras muchas personas anónimas, pusieron las bases para la expulsión del ejército invasor de Napoleón.

Por todos es conocido que el METCAN tiene su sede en la que fuera casa natal del capitán de artillería, motivo por el que le dedica una de sus salas de exposición permanente, en donde se pueden apreciar pertenencias de Velarde y su familia, como la cama estilo Directorio, un sable, el sillón frailero de su tatarabuelo con los escudos de armas de Velarde y Ceballos y sus respectivos lemas, la ejecutoria de hidalguía de la familia o una réplica de su uniforme de artillería.

El recuerdo de los actos de Pedro Velarde perviven en la memoria histórica y su reconocimiento se puede apreciar en multitud de monumentos conmemorativos por toda la geografía española. Entre estos destacan, además de la ya citada estatua de la Plaza Porticada de Santander, el obelisco en honor de las víctimas del 2 de mayo de 1808 del Paseo del Prado en Madrid donde descansan sus restos, el monumento en el acceso al Alcázar de Segovia, lugares donde se les rinde tradicionales actos de homenaje, o los leones que adornan la entrada del Congreso de Diputados, fundidos en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla, y que son conocidos con los nombres de “Daoiz y Velarde”.

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