Una basna de Tudanca, pieza del mes de agosto en el METCAN

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Una basna hecha en madera de haya, procedente de Tudanca, es la pieza elegida por el Museo Etnográfico de Cantabria para el mes de agosto. Este instrumento servía para acarrear la hierba en verano, tiempo de siega.
Esta tarea fundamental en la vida agrícola era, si cabe, más costosa en nuestra región, al tener que hacer frente a una más que difícil orografía; a la siega, había que sumar, entre otras faenas, el fatigoso transporte de la hierba. Este proceso reviste su particularidad en algunos valles, como el Nansa y más concretamente en el municipio de Tudanca, con los pueblos de Tudanca, Sarceda, La Lastra y Santotís, donde el arraigo de una institución de ayuda mutua, el “prau concejo”, permitía el aprovechamiento de un prado comunal mediante el sistema de siega, previo sorteo entre los vecinos; esta labor era adjudicada a diferentes miembros del concejo por medio de un sistema de reparto de porciones de terreno o “suertes”, tantas como vecinos, que se sortean después entre cada uno de ellos, consiguiéndose así, un aporte importante a la escasa economía campesina.El comienzo de la siega era todo un rito iniciado con una fiesta a la que asistían los vecinos para contemplar el acontecimiento.

La pieza del mes  era el instrumento que utilizaban para cargar la hierba recién segada y trasladarla al pueblo. Un terreno abrupto y de acusadas pendientes, impedía el uso del carro, motivo por el que la basna se convirtió en la herramienta fundamental que permitía salvar estos impedimentos, actuando como si de un trineo se tratara.

La basna es un ingenioso medio de transporte de arrastre sin ruedas uncida a animales de carga que sirve para acarrear la hierba. Era utilizada ahí donde no podía acceder el carro de ruedas, aunque con una capacidad de carga inferior a este. A diferencia de otros vehículos de arraste de semejante tipología, como pueden ser la narria o el corzón, se diferencia de ellos por presentar una estructura más flexible. Está fabricada en madera de haya. El jorcao, gran horca de madera que puede alcanzar hasta 2,25 metros de longitud y 1,90 metros de anchura, es el armazón de la pieza. Al jorcao se le añaden las tarmás (de mullir o de encabezar), en número de diez, que componen el envoltorio que servirá para colocar la hierba. Esta estructura se completa con el veguillo, madera larga que hace de eje y se unce por medio de cuerdas a los bueyes. La unión de las diferentes partes se realiza mediante meticulosas y complejas ataduras, de vara de avellano, denominadas peales y podreyos. La disposición de la hierba sobre la basna, también requería de una técnica y atención peculiar.

Del llamativo trabajo con esta pieza se hicieron eco autores como José María de Cossío, José María de Pereda, Miguel de Unamuno o Adriano García Lomas, todos ellos destacaron la rusticidad a la par que la estructura ingeniosa de este “carro sin ruedas”

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