Pieza destacada de septiembre, el yunque

yunque

Un yunque cuadrado de acero de época contemporánea, un instrumento esencial en el oficio de los herreros, es la pieza destacada del mes de septiembre en el Museo Etnográfico de Cantabria.

En Cantabria, hay constancia de que existieron ferrerías hidráulicas desde, al menos, el siglo XIV pero, sobre todo, a partir de los inicios del siguiente. La elección de su localización se vio limitada, ya desde estos primeros momentos, por las condiciones ambientales que mejor contribuían a facilitar su funcionamiento: parajes bien provistos de corrientes de agua o perfectamente orientados a los vientos y siempre próximos a la existencia de importantes recursos forestales, sin obviar la fácil accesibilidad a pequeños puertos y demás infraestructuras de comunicación. Las ferrerías en Cantabria aprovecharon el hierro de los yacimientos del sur de la bahía de Santander y, especialmente, la vena de Somorrostro, dada su mejor calidad y lo barato del transporte.

Con toda probabilidad, la antigüedad de esta actividad se encuentra relacionada con tres aspectos: la demanda de hierro por parte del mercado extranjero (también colonial a partir del siglo XVII y de cabotaje), la construcción naval (para los astilleros reales como el de Guarnizo) y la demanda local (gracias al desarrollo de la artesanía, la activación del trabajo agrario, el auge demográfico, el vigoroso crecimiento urbano y el incremento de la importancia de las vías terrestres). Así, las excelentes condiciones físicas, también la tradición del buen saber hacer que presentaba la región para esta industria, explican el trato de favor que la Corona dispensó a los ferrones montañeses a lo largo de los siglos.

Sin embargo, estas dádivas en materia de áreas de dotación para la explotación de las leñas de los montes a precios muy reducidos se vieron limitadas especialmente en la zona de Liérganes, donde, según el Catastro de Ensenada, se localizaba el mayor número de herreros de la región. El motivo no fue otro que la instalación de los altos hornos al carbón vegetal en 1622 en Liérganes y, en 1638, en La Cavada, especializados en la fabricación de cañones y munición durante prácticamente dos siglos, hasta el año 1835. Las enormes necesidades de carbón vegetal de estos nuevos establecimientos estrangularon el desarrollo de las ferrerías más próximas a su emplazamiento de forma que, como menciona Carmen Ceballos Cuerno, en la cuenca del río Miera, la fundación de ferrerías se realizó con anterioridad a la construcción de los altos hornos; para el resto de la región, sobre todo en lo que concierne al área occidental, se señala que estas fábricas de artillería se convirtieron en buenas clientas de las ferrerías, dada la idoneidad del hierro dulce para ciertas producciones, favoreciendo su actividad.

La década de 1850 se caracterizó por la puesta de relieve de los problemas que iban a hacer desaparecer, casi completamente, la actividad ferrona en Cantabria. El continuo aumento de la cantidad de hierro producido por la moderna siderurgia nacional y extranjera y, vinculado a ello, el hecho de que el hierro forjado fuera perdiendo importancia ante la penetración de productos elaborados industriales, provocó la disminución de la demanda, el incremento de los costes de producción y comercialización del producto y la aparición de dificultades de financiación, con la consiguiente disminución del número de inversiones. Así, el hundimiento vertiginoso desencadenado en la década siguiente conllevó que, desaparecida la actividad, los edificios y sistemas hidráulicos siguieran caminos diversos, como la ruina o la reconversión de las estructuras en molinos harineros.

Entre las construcciones anexas que completaban la ocupación de las ferrerías, se encuentran los talleres o herrerías, donde se trataba parte del hierro que las primeras producían, convirtiéndolo en productos manufacturados. En estas instalaciones, se utilizaron un sinnúmero de herramientas auxiliares para permitir el manejo y trabajo con los metales, destacando, fundamentalmente, el yunque, objeto que presentamos como pieza del mes de septiembre. Situado junto a la fragua, de forma que facilitara el moldeado y la forja de los elementos candentes, el yunque es considerado un utensilio característico del oficio del herrero, individuo muy respetado en el mundo rural, puesto que era la persona encargada de reparar los aperos y otros útiles propios de las faenas del campo, por ejemplo; no obstante, en la actualidad, continúa siendo uno de los instrumentos de trabajo de varias disciplinas como la orfebrería o la joyería.

Este yunque en concreto está fabricado en acero, ya que este material transfiere de manera eficiente la energía del golpeteo fuerte y constante que recibe para forjar los metales. Como aquellos pertenecientes a la tipología de los yunques cuadrados, se caracteriza por ser un bloque macizo que cuenta con una superficie plana y templada en el centro de su estructura; en uno de sus lados, se incorpora un cuerno de arista viva, de forma piramidal, que se utiliza para doblar el material obteniendo ángulos o esquinas. Justo en la zona inmediatamente inferior, posee un pequeño orificio cuadrangular, probablemente empleado para golpear piezas largas a las cuales se les desea crear una cabeza en uno de sus extremos. Para mayor estabilidad, el yunque se solía instalar sobre una base o soporte de madera, denominada cepo, lo suficientemente resistente para trajinar sin incidentes.

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