El Pendo depara más sorpresas

El equipo de arqueólogos dirigido por el doctor Edgard Camarós que está llevando a cabo los trabajos de investigación en la cueva de El Pendo destinados a conocer a través de los hallazgos de la cavidad el desarrollo del cerebro y la evolución del pensamiento humano, ha dado a conocer a las autoridades municipales y expertos los trabajos de campo de su segunda campaña, que han finalizado en septiembre.

Durante la visita Camarós, acompañado por los codirectores de la investigación Marián Cueto y Pablo Arias, ha explicado que en esta segunda fase a través de los restos de hogueras y de estructuras de combustión que se han investigado, se ha constatado la horquilla temporal en la que la cueva ha estado habitada, que corresponde a un periodo desde hace 80.000 años a 14.000 años, lo cual evidencia la presencia continua de Neandertales y constata la importancia de El Pendo ya que acoge una época de transición desde el periodo de los Neandertales al del Homo sapiens.

En esta segunda fase de la investigación, los científicos del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social y el Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria de la Universidad de Cantabria que participan en esta investigación que cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Camargo y de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria, han trabajado en la zona de la excavación de los años 50 que les ha permitido ver los niveles de transición entre el Paleolítico medio y el superior, y donde se han hallado restos arqueológicos como huesos, herramientas líticas y objetos que definen la transición que supone el paso del Paleolítico medio al superior.

Entre esos objetos destaca el hallazgo de un colgante elaborado en mineral de talco -que es fácil de trabajar- que está datado por tipología en torno a los 30.000 años, época en la que se dan las primeras manifestaciones de ornamentos que hay en el Paleolítico Superior en Europa, así como otros objetos localizados que se encontraban en proceso de fabricación.

Según han avanzado, la investigación que se realizará en 2018 va a suponer “un punto de inflexión” porque además de excavar en la zona donde se realizaron las excavaciones en las campañas de los años 50 como se ha efectuado este año, se va a ampliar el área para trabajar también en la zona donde se efectuaron las excavaciones de los años 30 donde se encontraron los objetos de arte mueble que hoy en día se pueden ver en el MUPAC, lo que corresponde a la época Neandertal y al periodo magdaleniense con el que finaliza el Paleolítico superior

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Fotografía “Espardando, cardando e hilando”

Para conmemorar el papel tan especial que han tenido las mujeres en el desarrollo de este medio y su efemérides el 15 de octubre, Día Internacional de la Mujer Rural, el Museo Etnográfico de Cantabria presenta esta fotografia. Un colectivo del que no siempre se ha destacado su protagonismo pero sobre el que recaía un variado y extenso repertorio de trabajos. Entre todas las actividades a las que se dedicaban las mujeres, nos centraremos en las labores del hilado.

Para ello, destacamos  una fotografía de Julio García de la Puente (1868-1957), importante exponente del pictoralismo en Cantabria. Dicha imagen data de 1906. Fue premiada con la medalla de oro en la Exposición Nacional de Murcia de 1908 y posteriormente, se editó en formato postal con el mismo nombre y dentro de la serie “El sabor de la Tierruca”.

La fotografía muestra un grupo de cuatro mujeres realizando algunos de los principales procesos del hilado. Esta actividad se encuentra vinculada a las manos femeninas desde los tempranos tiempos de la revolución neolítica. Por lo tanto, cuentan también con una larga historia los utensilios a los que se asocia: el huso, el telar o las fusayolas. El trabajo del hilado ha sido una constante en la historia de la mujer y de manera singular en el medio rural, donde era realizado al mismo tiempo que otras labores, como el cuidado de los niños, la casa, el ganado, el huerto o incluso durante las reuniones de socialización campesina. Ejemplo de estas últimas son las hilas o jilas, escenas de las que tanto se han nutrido una buena parte de los escritores cántabros en sus relatos para hablar de las costumbres y tradiciones de la sociedad campesina. Las jilas, conocidas con otros nombres según las zonas (estancias en Soba, veladeros en Valderredible…), han llegado hasta nosotros como aquellas reuniones nocturnas, en las cocinas de las casas, donde aprovechando el motivo principal, hilar, torcer o devanar el lino y la lana, se congregaban familiares y vecinos, especialmente en edad de mocear. En el transcurso de estas reuniones se contaban cuentos, leyendas, chascarrillos y anécdotas de la vida cotidiana; los hombres aprovechaban para reparar o elaborar algún instrumento de madera y se amenizaba la velada cantando y bailando. A ellas podía asistir todo el mundo sin distinción de su estado civil o género, a excepción de los niños, por ser los cantares que allí se entonaban (acompañados por rabel, principalmente en la zona de Campoo, u otros instrumentos), pícaros y provocativos.

En la composición de la imagen se percibe una intencionalidad del autor de posicionar a sus personajes de tal manera que se pueda apreciar, de forma clara, el funcionamiento y desarrollo de cada proceso. Las fibras más utilizadas en Cantabria fueron el lino y la lana al darse unas condiciones orográficas y climáticas muy propicias. Si la lana provenía de zonas en las que hubiese pastos para la cría del ganado ovino, el lino lo hacía en comarcas donde las tierras fuesen más húmedas. De estas materias primas se obtenían desde prendas para vestir: camisas, calcetines, calzas, medias, hasta cobertores o mantas, e incluso alforjas para el transporte. Cabe destacar que si laboriosa era la transformación textil de la lana, más aún lo era el lino que además de sembrar, cuidar y limpiar hasta su recolección, requería otra serie de operaciones antes de llegar a la hiladura: desgrane, empozado, majadura (tranquillaje en la zona oriental), espadadura y rastrillaje.

Volviendo a la descripción de la fotografía y comenzando desde la izquierda de la imagen, la primera mujer que vemos, está espadando lino, es decir, desprendiendo los restos de corteza de las fibras del lino. Para ello se utilizaba la espadilla y la gramilla o espadadero. La primera es, como su nombre sugiere, una especie de espada de hoja ancha de madera, con uno o dos lados biselados, con la que se golpeaba el manojo de lino para conseguir que quedase limpia la fibra. Este movimiento se ejecutaba apoyándose en la gramilla, una tabla, también de madera, que constaba de una parte horizontal que servía de soporte a los pies e impedir su desplazamiento, y de otra vertical, con el borde biselado que sostenía el lino para espadarlo.

La segunda mujer, siguiendo el mismo orden, está hilando lo que parece un copo de lana, mediante el método más tradicional, ya que la torsión del hilo se realiza de forma manual con el huso. Este instrumento se sujetaba con la mano derecha, mientras que la izquierda sostenía la rueca. El proceso consistía en lo siguiente: la hilandera sujetaba el extremo inferior de la rueca y con la mano del mismo lado iba sacando las fibras formando la mecha y fijándola al huso, mientras con la otra mano, hacía girar el huso para ir enrollando la mecha.

La tercera mujer se encuentra cardando lana, para lo que emplea las cardas, tablas rectangulares provistas de mangos y recubiertas por su cara interior de púas de acero. Su objetivo era el de homogeneizar las fibras por longitud o finura. Para desenmarañarlas la cardadora sujetaba las cardas una contra otra, en sentido contrario, repitiendo el proceso varias veces hasta que lo cardado se depositaba a parte, bien en forma de llueta, bien en forma de choricillo.

Por lo que respecta a la cuarta protagonista, utiliza el carro de hilar. La diferencia fundamental de éste con el proceso de hilado hecho a mano es que, en este caso, es la rueda la que imprime el movimiento rotatorio al huso.

Como hemos visto, esta fotografía constituye un testimonio de gran valor histórico y documental, que no solo aporta información relativa al trabajo de la hila, sino que también permite conocer aspectos como la indumentaria tradicional o los sistemas y valores sociales relativos al medio rural. En definitiva, con esta pieza destacada del mes y como centro museístico que se debe a la sociedad actual, hemos querido poner nuestro grano de arena al reconocimiento del trabajo de las mujeres del campo que aún a día de hoy, sigue en continua lucha por reconocer su protagonismo. En esta ocasión hemos dado mayor visibilidad a una de las numerosas tareas a las que tradicionalmente se ha dedicado la mujer y que ha constituido una de sus señas de identidad.

26º Certamen fotográfico 2017

La Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Camargo convoca una nueva edición del Concurso de Fotografía Digital “Un día en la vida de Camargo” , en el que se recupera la modalidad del maratón. Con este certamen se pretende potenciar la creatividad y mostrar la realidad geográfica y cultural del Valle de Camargo a lo largo de un día

El rastro, pieza destaca de septiembre

Se aproxima el otoño y hay que ir pensando en preparar la tierra para la siembra mediante el arado, el desterronamiento y el abonado de la misma. Los aperos empleados para llevar a cabo estas labores van a ser, principalmente, arados, layas, azadas, azadones, sarcillos, porras o gradas. A estas últimas, que en Cantabria se las conoce con el nombre de rastros, dedicamos el mes de septiembre.

Se comenzaba por arar la tierra, en el caso de que el terreno ya hubiera sido dedicado al cultivo. Lo más habitual, cada vez que se pasaba la reja, era proceder a desmenuzar los terrones que se formaban, trabajo que requería el empleo de métodos de tracción animal como es el caso del rastro, aunque en ocasiones se empleaba la fuerza motriz del hombre desterronando con la azada o la porra, dependiendo de la dificultad, el tipo de suelo o la disponibilidad de animales de tiro.

Esta pieza consiste en una plataforma de madera con púas, también de madera en su origen y posteriormente metálicas, que se arrastraba por la tierra con el fin, ya mencionado, de desmenuzarla y allanarla una vez arada. Igualmente, podía servir para cubrir la simiente o el estiércol destinado para abonar. De nuevo, la materia prima empleada va a ser la madera, una de las más abundantes y aprovechadas en Cantabria desde tiempo inmemorial, lo que facilitará su fabricación artesanal por los propios campesinos durante los tiempos muertos de los ciclos agrícolas. Los únicos elementos de metal que tiene el rastro serán los clavos que van unidos al timón y los dientes o púas, de ahí la importancia de la figura del herrero, personaje relevante en el mundo rural, que complementaba los aperos, herramientas y otros utensilios necesarios para la vida cotidiana de la comunidad.

A lo largo del tiempo y según las zonas, la variedad tipológica de rastros ha sido muy variada. Como nos dice Mingote Calderón “…desde el simple tronco o una serie de ramas sobre las que se coloca una piedra hasta rodillos de piedra o madera (con o sin dientes los últimos), y lo que es más normal, armazones de madera con dientes en su parte inferior o armados de varas entretejidas o sin ningún tipo de aditamento. La introducción de gradas metálicas de origen industrial ha unificado tipos, al ser copiadas desde hace tiempo por herreros locales”.

No están muy claros los orígenes de este utensilio. Su empleo y aumento de uso es evidente en la Edad Media. Con anterioridad a esta fecha, no parece que podamos hablar del rastro como tal, con púas en su armazón, hasta los romanos y solo a partir del siglo I d. de C. Al igual que la mayor parte de los aperos utilizados en la Edad Media, apenas sufrirá variaciones hasta los inicios de la mecanización que, en Cantabria, al igual que en otras muchas zonas de nuestro país, no llegará hasta casi mediados del siglo XX, dándose un paso decisivo en la modernización de la agricultura, con la consiguiente mejora de los cultivos y el ahorro de esfuerzo físico, factores entre otros, que supusieron un avance considerable de las condiciones de vida del campesino montañés.

Una vez más, el ingenio y la destreza física del hombre, el conocimiento y la sabiduría transmitida a lo largo de muchos años de experiencia, serán los protagonistas de este apero que, junto con la fuerza animal, han permitido al labrador preparar sus tierras para la sementera.

No queremos acabar esta breve reseña sin mencionar una de las referencias que se tienen del rastro en relación con el mundo de las ideas y creencias que forman parte del patrimonio inmaterial de Cantabria. Nos referimos a su relación con alguno de los seres mitológicos que pueblan los relatos y leyendas de nuestras aldeas: las sirenas. Es García Lomas quien recoge de Escagedo Salmón, una referencia, en un escudo nobiliario, de un rastro tirado por bueyes atrapando a una sirena: “Fáltanos, por habernos fallado todos nuestros intentos para su localización, el escudo “Pumarejo y Liaño. (De Cayón y Sobarzo). Azul, cruz de oro floreteada y al pie de ella dos bueyes que tiran de un rastro, y en él está un hombre que saca una sirena por los cabellos de entre otras que están en agua del mar; el hombre, desnudo, con unos pañetes como si saliera del mar, él y los bueyes salieron llenos de conchas de oro, y al pie de la cruz también conchas”.

La asociación con estos personajes no solo es propia de Cantabria. A lo largo de todo el norte peninsular y en algunas zonas de Portugal, se tiene constancia de esta asociación de las gradas o rastros con seres mitológicos, o con las cuevas y el mundo subterráneo, dentro de un complejo mundo de simbolismos y supersticiones.

Con el rastro, queremos dar vida, una vez más, a uno de los aperos de labranza, que custodiamos en el Museo, todo un tesoro de saber ancestral que se ha mantenido a través de los siglos hasta la llegada de la industrialización.

Cursos de expresión artística de La Vidriera

Con el comienzo del nuevo curso escolar, se inician también los talleres de expresión artística en el Centro cultural La Vidriera de Maliaño, con nueve  propuestas de actividades, distribuidas en varios niveles.Entre ellos, se puede optar por estos talleres anuales, que se iniciarán en octubre y que finalizarán en junio:

  • Taller Dibujo y Pintura Adultos
  • Taller Dibujo y Pintura Infantil
  • Talleres de Photoshop, Ilustración Digital y Diseño Gráfico por ordenador
  • Talleres de Cerámica Adultos e Infantil
  • Folklore (danza e instrumentos)
  • Fotografía
  • Bailes Artísticos
  • Talla de Madera
  • Grabado

El plazo de inscripción comprende del 6 al 20 de septiembre y el plazo de matrículas va del 25 de septiembre al 3 de octubre, mientras que el inicio de las actividades será el 4 de octubre.